PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 32                                                                                          MAYO - JUNIO  2007
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POESÍA PURA


A partir de mediados del siglo XIX, frente al abuso romántico de las formas que encorsetaban la poesía, crece una nueva corriente estilística con objeto de poner en valor lo genuino de la expresión poética. Esta tendencia, que se justificó en que sea la expresión en sí quien defina la carga poética, avaló como lo más puro en la poesía la íntima musicalidad y la transcendencia expresiva del lexema más allá de su habitual sentido semántico. Siguiendo a Bremond, esta poesía pura conecta con aquel misticismo que realiza en la palabra la experiencia inefable de la perfección sobrenatural.
Si es de interés de la filosofía social el análisis de la causa y esencia de la poesía como medio de comunicación y relación entre los hombres, profundizar en el sentimiento de la poesía pura puede dirigir el estudio del lugar que ocupa la poesía en la constitución cultural del ser humano. Acotar cuánto de sentimiento y de actividad tiene la poesía, de autorrealización y de comunicación, de introversión del lenguaje y de relación, pueden ayudar a profundizar sobre si la poesía es por sí o forma evolucionada del lenguaje en uno de sus usos literarios. En ultimo término, conocer si existe una esencia poética en la naturaleza de la persona humana o lo que aceptamos por poesía se aproximaría más a un convencionalismo cultural producto de determinadas costumbres sociales.
Que la poesía se justifique por sí misma supone una reducción muy importante de la estructura socialmente preconcebida para la misma, pues todas las reglas académicas sobre la misma se consideran despreciables si por ellas se rigidiza de perfección expresiva intrínseca la composición. De alguna manera la estilística de la poesía radicaría en la derogación de toda estilística que pueda contaminar la pureza de la creación. La poesía, no obstante, como creación precisa un soporte matrerial: el lenguaje, y en él presenta su primera constricción porque la idea poética precisa de la materialización de una lengua que dé curso a su expresividad. Esa vinculación de la poesía al lenguaje es la que la trasciende como un hecho social, pues todo lenguaje se origina en una actividad comunicativa expresiva de cómo la realidad anímica interior transciende entre seres comprensibles. Si la poesía nace en el lenguaje es porque es comunicación, y por tanto necesariamente tiene una finalidad social. La poesía pura exigiría que la intención comunicativa no sea objeto creativo sino vehículo mediático de una creatividad cuya inspiración previa sólo debe eser informada por la propia sensibilidad.
La poesía pura seguiría a la sensibilidad interior motivada por percepciones e intuiciones reflejadas mediante un ordenado lenguaje mental cuya armonía cumplimenta el doble objeto de transmitir la sublimidad de una experiencia condensada en un decir rítmico y armónico de tal magnitud que transmite la sensación creativa con la misma intensidad con que inhiere en la sensibilidad del autor. Podría afirmarse que es el lenguaje interior, el que estructura las ideas, el que es más relevante en la poesía, pues sólo de la sensibilidad interna se sigue al acertado orden expresivo de una idea que se aprecia como bello en su radical intimidad.
El proceso de síntesis de las percepciones que despiertan la inspiración necesariamente han de ser informadas por una determinada intuición que eleva a la categoría de poetizable determinadas experiencias que acontecen al autor. Esa categorización que radica en la personalidad del poeta se une a la habilidad expresiva que de la lengua posee, diseñando la expresión armónica que con más belleza muestra la idea intuida.
Quienes sostienen que sea la plasticidad del lenguaje el único recurso de la poesía se decantan por el juego armónico de la lengua, aun cuando éste pueda carecer de contenido, lo que equivaldría a negar la causa última del mismo. ¿Sería lícito habilitar un lenguaje sin contenido? Por eso la creación formal es parte de la poesía, pero no es poesía. La poesía pura no se justifica sólo por la desnudez y armonía de la lengua, sino en que ésta se corresponde, como todo lenguaje, con un mensaje tanto más válido cuanto sea más original. Aquí es donde la poesía adquiere una dimensión social, relacional, en la que el autor exporta su experiencia interior a la colectividad haciéndoles destinatarios de la proyección de su intuición sobre una parcela de la realidad. Cada poesía es un hecho completo que no admite interacción, pero puede constituirse fuente de inspiración para una nueva creación. La necesaria correspondencia de fondo y forma desvirtúan toda imitación en la poesía, ya que todo en sí sobraría y nada tendría justificación si no sirve de ropaje a una intuición genuina.
La poesía es vehículo de un mundo interior, que cuánto menos aderezo porta más evidencia, pero de un mundo intuido, a veces escasamente razonado, por lo que se presenta como una sugerencia, un reclamo, del autor a la sociedad. Mientras entre los científicos y los técnicos se da una continuidad de trabajo, los poetas surgen esporádicamente. Como cada obra poética es fruto de una experiencia intuitiva personal -que a juicio de Bremond tiene algo de mística- no se puede heredar ni transmitir, ello hace que pueda semejar socialmente irrelevante, pero representa el pulso de la sensibilidad de una colectividad, y refleja en gran medida la pervivencia del espíritu de la humanidad.