PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 60                                                                                         ENERO - FEBRERO  2012
página 8

LAS TRES ESFERAS

 
Sobre la personalidad humana confluyen tres esferas de influjos, cada una independiente de las otras, cuya acción condiciona las respuestas que cada persona a lo largo de su vida da a la las exigencias vitales de su relación con el mundo y la humanidad. Si no existieran influjos y respuestas, el ser humano sería inerte, no tendría vida, lo que es cuando queda reducido a la condición de cadáver. Se puede considerar que todos los influjos son de la misma naturaleza, y que siguen un mismo proceso de imputación sobre la persona humana, diferenciándose unos de otros en el grado de interacción en función de la intensidad de la causa, de la reciprocidad y de la implicación en la respuesta. De forma distinta, también se puede entender que existen distintas formas de influjos y modos de actuar la naturaleza variados que constituyen relaciones causa-efecto diversos, porque, aunque en el cosmos todo se pudiera reducir a la acción última de una sola partícula, no por ello se puede dejar de admitir que los estados organizados de la materia y el espíritu no actúen como sujetos de influjo y relación sobre la persona humana.
Por el modo como se interrrelaciona la persona con el resto de la realidad, una teoría es dividir en tres esferas los ámbitos de influjos y respuestas vinculados a un determinado modo de acción. Estos son:
  • La esfera de la sensibilidad, a la que responden las sensaciones.
  • La esfera de la afectividad, a la que responden los sentimientos.
  • La esfera de la racionalidad, a la que responden la creatividad.
Las tres esferas tienen un mismo procesador orgánico, la mente, y por ello no puede extrañar la reducción que se pude hacer de las imputaciones a una única clase. El hecho de que la base orgánica de la mete -el cerebro y todo el sistema sensible nervioso- sea una no dificulta que en su actividad se puedan considerar categorías, en función de los modos de respuesta que concibe a formas distintas de percepción de los influjos externos.
La esfera de la sensibilidad abarca la causa de las imputaciones que activan los sentidos con una señal de inequívoca relación con el mundo exterior. Pertenecen a ella todos los actos propios del conocimiento sensible, que no son sólo las percepciones que distinguen las distintas realidades según la forma, el color, el sabor, etc., sino también relaciones sensibles más complejas, como pueden ser la sexualidad, la tolerancia al ruido, el vértigo... Lo propio de la esfera de la sensibilidad son las sensaciones que se producen en la mente, de modo y manera más o menos refleja, pues las sensaciones no sólo se generan por la acción de los sentidos externos, sino también por los internos, como son la imaginación o la memoria. Por ejemplo, en los sueños padecemos igual intensidad de sensaciones que cuando estamos despiertos. De igual modo se puede excitar la sensación de placer o miedo por el simple ejercicio de la imaginación.
La esfera de la afectividad comprende los actos mentales relacionados con los afectos que se establecen entre las cosas y las personas, a partir de las abstracciones elaboradas sobre los hechos, desde los cuales se crean emociones y afinidades que satisfacen estados más complejos de la mente que las sensaciones sensibles. Los sentimientos corresponden a la valoración mental estable de las experiencias de relación habidas, por las que se apetecen la perennidad de las emociones positivas y se detestan las negativas. Los sentimientos se mantienen en el grado de la abstracción mental, emparentados con la memoria, pero su grado de abstracción logra desvincularlos de la valoración de los hechos que originaron las emociones que los formaron. De este modo los sentimientos crecen como una esfera de la personalidad que induce a primar valores.
La esfera de la racionalidad entiende de los juicios por los que se deducen nuevas realidades a partir de la ideas ya conocidas. La inducción es un método innato de la mente humana que mueve al intelecto a deducir la razón más profunda de cada cosa y a agotar la verdad de cada conocimiento. La intuición es otra facultad humana por la que en la mente se sugieren fantasías que se conciben como realidades. De ahí procede la actividad creadora que persigue conseguir por medio del ingenio que toda intuición termine en realidad. Por la limitación del tiempo cada persona no logra  ver realizadas todas sus ilusiones o fantasías, pero en cuanto la mente es capaz de comunicar los procesos constructivos en que se ha empeñado, sean de mucho o poco valor, supone un avance que lega a sus sucesores. Así la esfera de la racionalidad no sólo conoce que posee intuiciones para perfeccionarse y perfeccionar su realidad próxima, sino que sabe aplicar en su provecho la sabiduría de los demás, bien trabajando en grupo, bien desarrollando el legado recibido.
Se asigna a cada ámbito la figura de esfera en razón de que en el cosmo la esfera representa la forma completa en que un algo se abarca como un todo. Por eso cada ámbito proyecta toda la posibilidad de influjos posibles habidos y por haber, según su propia naturaleza, a través de los varios sentidos, sobre un único receptor final que es el ser vivo. Pero al ser esferas conceptuales no necesariamente han de estar equilibradas dentro de la misma mente. Se puede ser muy sensible y poco afectivo, o muy sensible y afectivo y poco creativo, o muy creativo intelectualmente pero prestar poca atención al mundo se las sensaciones. También se puede ser muy rico en todas las esferas, y ser descoordinado en las respuestas respectivas, o, por el contrario, establecer una coherencia interna en la mente que genere que las acciones y respuestas en cada esfera refuercen la acción de las otras. Conociéndose, es la personalidad de cada ser humano quien gobierna la mejor disposición de sus capacidades para lograr aproximar los objetos propios de cada una de las esferas en la centralidad de la mente. Lograr que en la mente exista coherencia está en mucho en alcanzar que las esferas se aproximen hasta lograr que posean un centro común. Si las sensaciones sirven para la potenciación de los afectos, los afectos colaboran a una mayor creatividad  y la creatividad descubre el valor de afectos y sensibilidad, la personalidad se sentirá muy equilibrada, ya que se reduce al máximo la dispersión a que atender, procurando que toda su relación con la realidad le motive satisfacción en todos los posibles modos de percibir.