PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 65                                                                                        NOVIEMBRE - DICIEMBRE  2012
página 3

RELIGIÓN QUE DISCRIMINA

 
Durante siglos se ha considerado a la religión como una de las causas de variadas discriminaciones en la sociedad, entre ellas la discriminación de género, porque casi todas las doctrinas religiosas reflejan en sus estructuras una prevalencia del varón sobre la mujer. Habría que profundizar mucho si la causa de esa discriminación ha pasado de la religión a la sociedad, o al contrario, pues por lo común que se manifiesta parece que es la estructura social la que discrimina desde el nacimiento, y las religiones quienes se contaminan por reflejo de la sociedad.
Si se analiza en sí la esencia de la ciencia teológica, se puede concluir, sin lugar a dudas, que en la religión real, la que se refiere a la relación con Dios espíritu puro, no cabe motivo alguno de discriminación, porque la distinción de género afecta sólo al cuerpo del ser humano, no a su alma, pues siendo espiritual no posee género. El alma humana es tan igual en varón y mujer, como lo es entre el hombre blanco y el negro, entre el rico y el pobre. La religión es relación del hombre con Dios,  no de hombres entre sí, y así lo que se comunica con Él es el alma, que es la sustancia espiritual esencial del ser humano. Por eso considerar cualquier distinción entre varón y mujer para la religión no puede concebirse sino como una deformación intelectual humana que confunde la religión esencial, la que procede de Dios, con la que pueda construirse desde la humanidad.
Se puede admitir que cada persona pueda tener un carisma en virtud de sus cualidades para vivir, predicar y extender una doctrina religiosa, pero ello no reporta ningún argumento que pueda sostener que esa facultad esté en función del género, salvo lo que pudiera afectar  a la implantación cultural, que es una determinación sociológica y no religiosa.
Quizá la referencia a la Teología de la Muerte de Dios haya que encontrarla emparentada con la socialización de la religión, en la que perdida la dimensión mística, espiritual, la concepción social de las doctrinas predican un Dios configurado a los modos de hacer la humanidad que desaparece al tiempo que esos modos quedan caducos. Aunque choque con la tradición, superar todas las discriminaciones que han contaminado a la religión la purificará y así universalmente ofrezca un mismo testimonio de espiritualidad.
 

VOLVER A ÍNDICE TEMÁTICO