9909.html PAPELES PARA EL PROGRESO
DIRECTOR: JORGE BOTELLA
NÚMERO 99                                                                                  JULIO - AGOSTO  2018
página 8

ENEMISTAD


La enemistad encuentra su origen, no sólo como oposición léxica, en la amistad, pues nadie se enemista con el desconocido, a quien en todo caso se ignora, sino con quien se mantiene o ha mantenido una relación suficiente para que surja la contradicción de opiniones, de intereses, de confianza... que divergen lo que con más tolerancia podría haber constituido un amistoso vínculo.
La mayoría de las personas negarían disponer de una lista de enemigos, porque ello, en lo que contiene de negatividad, se suele adjudicar a la parte contraria, de modo que lo que se admite es ser sujeto pasivo de la enemistad, como si esa condición proviniera en exclusiva de la voluntad de un contrario. En especial, cuando procede de la quiebra de una consolidada amistad, cuya corrupción pueda entrañar una dosis de injusticia, la tendencia a tranquilizar la propia conciencia conduce a magnificar las disposiciones ofensivas contrarias y a justificar las propias equivocaciones como parte de la defensa emocional debida.
Otra causa de la enemistad procede de los prejuicios con que se considera a alguien parte de un imaginario enemigo. Como cualquier prejuicio, su responsabilidad corresponde a la razón que juzga sin fundamento de causa, de tal modo que si bien en la enemistad que procedía de la corrupción de la amistad existían vínculos contrariados, en la enemistad en virtud de prejuicios la aversión a la persona no se fundamenta en afrentas personales, sino por su consideración como parte de un colectivo enemigo. Odios familiares, racismo, rivalidades políticas, desafecciones sociales, envidias, celos... motivan con frecuencia que se herede o se cree una enemistad tan difícil de superar como imposible de razonar.
Se genera con frecuencia una dudosa enemistad de menor grado a causa de la restricción de sociabilidad o empatía en el carácter de una persona próxima con quien ha de tenerse una relación frecuente. Cuando del contacto social una parte se ve defraudada en su expectativa de amistad de quien por razones de trato no puede ignorar, se origina una disquisición mental respecto a la consideración propicia a adjudicar al otro, la que, si no valora acertadamente las peculiaridades de su carácter, puede concluir en una descalificación de la actitud del contrario propicia para el germen de la enemistad.
Cualquiera que sea la causa de la enemistad, esta se formaliza como un sentimiento difícil de erradicar de la personalidad, a pesar de la conciencia de reconciliación que se pueda llegar a razonar como más conveniente. Muy posiblemente porque igual que su contrario, la amistad, forma parte del albedrío de selección de aquellas personas que facilitan o dificultan la estabilidad emocional de un sujeto, la que constituye uno de los esenciales objetivos de toda afectividad. Precisamente esa dificultad de superación del sentimiento de enemistad respecto a con quien teóricamente debería haber más conexión, cuando no es posible interponer una barrera de distancia espacial, se convierte en un gran pesar para la conciencia, capaz de desembocar en posibles procesos patológicos de la salud o la psiques.
 

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